Fotografía y texto de David García
(www.david-g.com)

Enrique San Francisco es un actor de raza, hijo de actores, que se ha criado sobre el escenario de un teatro, y delante de las cámaras de cine. Ha aprendido el oficio trabajando, y en la escuela de la vida, donde se ha forjado una personalidad que a veces es difícil distinguir de los papeles que interpreta. Procede de una escuela en vías de extinción y forma parte de una generación llamada a desaparecer al paso fulgurante de las estrellas de un día y medio. Misterioso Asesinato en Manhattan y El enfermo imaginario –montaje con el que está de gira actualmente– son trabajos que le han vuelto a colocar en el sitio que le corresponde, el de uno de los mejores cómicos de la escena española. Del teatro y la interpretación hablamos con él, en una interesante y divertida charla.

¿Piensas que un gran actor tiene que ser “total”, se puede o se debe mover igualmente en todos los medios… sea teatro, cine o televisión… o piensas más en el actor especializado?

Un actor completo es el que es capaz de hacer teatro, cine y televisión. Pero un actor, donde debe de saber estar primero, es en el teatro. Por todo, por aprender a entonar y dominar la voz, y porque no hay nada más difícil que el teatro. El cine es cojonudo, en la televisión he disfrutado mucho, pero el teatro es diferente. Sales al escenario, está el público en frente, y eso es algo que no tiene nada que ver con nada.

¿Conoces casos de actores maravillosos, por ejemplo, de cine, que luego en un teatro no te han convencido?

Un actor que no sabe hacerlo bien en un teatro, en mi opinión, debería replantearse su trabajo o estudiar para solucionar ese problema. De hecho, muchos de los grandes actores que ha habido en el cine, como Peter O’Toole, Meryl Streep, Richard Burton, John Gielgud… han empezado en el teatro, o han pasado meses y meses, y años, en el teatro, aunque no lo sepamos.

¿Se dan casos de actores que tengan pánico a subirse a un escenario?

Más bien he vivido momentos de actores que he visto que no estaban capacitados para hacer ese trabajo. En el momento en que se levantaba el telón, se venían abajo.

¿Requiere el teatro una preparación especial?

Por supuesto. Necesitas un grado de desinhibición especial. El público es un ente que sientes, que está ahí. Tienes dos mil ojos que te están viendo, y tiene una magia especial. Pero, por otra parte, te puede acobardar, y tienes que luchar contra eso para poder dar lo mejor de ti, y ofrecerles un gran trabajo.

¿Qué es lo más duro del teatro?

Lo más duro del trabajo, en mi caso, es que trabajo para él. Mi vida gira en torno al teatro cuando tengo función. Yo sé que todos los días tengo que estar a las siete de la tarde en perfectas condiciones, y que toda mi vida está depositada en que tengo que hacer esa obra. Por eso es lo más difícil, y como a mí me gusta lo difícil, adoro el teatro.

¿Tienes algún ritual a la hora de enfrentarte a una representación?

Mi único ritual es que en el momento en el que cruzo la escalera que lleva al escenario, soy otro.

Y a pesar de la experiencia, ¿tienes nervios antes de salir al escenario?.

No, lo único que noto antes de salir es que quiero hacer una función de puta madre. Hay veces que vas con esa intención y no lo consigues y otras vas ronco y jodido, y te sale una función impresionante. Muchas veces es el público quien te ayuda a conseguir que haya esa magia, y que la función salga redonda.

¿Cómo es el público del teatro, es agradecido, exigente…?

Yo creo que el público del teatro es inteligente, y es difícil de engañar. Por eso las funciones malas no funcionan. Cuando el público no te aplaude piensas: “qué soso”, pero no, la culpa siempre la tienes tú.

¿Qué es lo más curioso que te ha pasado en un teatro?

Con18 años estaba haciendo en el Teatro Lara El día que secuestraron al Papa con Fernando Fernán Gómez, mi maestro y del que aprendí todo. Mi madre fue a verme con mi perro que se quedó en el camerino. Yo tenía una china de hachís debajo del sofá, y el cabrón del perro la cogió y en plena función salió con el costo en la boca. Iba envuelto y podía ser cualquier cosa, pero imagínate mi cara cuando estoy en escena y veo a mi perro con la tableta.