Texto de Oscar M. Prieto: http://www.oscarmprieto.com
Foto de Rafa R. Palacio

Al dejar la sombra de las gradas, me invade una sensación física tal que amarilla, como si llevara a mis espaldas una mochila llena de sol. Supongo que se trata de la hora del día más cercana al verano. Seguro que en pocas semanas ya me habré acostumbrado a estos cambios veloces de estaciones.

En el centro de una plaza ovoide hay unas escaleras mecánicas cuya altura no se alcanza a divisar y que nadie sabe exactamente de dónde descienden. Es por ellas por las que suelen bajar a Patacosmia los profetas.

Un letrero luminoso, como los que dan el turno en fruterías y pescaderías, va informando a los transeúntes y curiosos del profeta que se acerca en ese momento. Ahora se trata de Muslés y, por lo que alcanzo a leer en los neones, trae consigo las tablas en las que se encuentran Los Diez Muslomientos. Subido ya a la caja de verdura, el nuevo profeta los declama con voz de trueno en off:

I Amarás al muslo sobre todas las cosas.
II No tomarás el muslo divino en vano.
III Santificarás los muslos.
IV Honrarás a los muslos progenitores.
V No muslarás.
VI Cometerás actos con los muslos.
VII No hurtarás muslos.
VIII No dirás muslos falsos.
IX Consentirás y tendrás pensamientos y deseos con los muslos.
X No codiciarás los muslos ajenos.

Una vez que termina, paga en la máquina por el tiempo empleado y se retira, llevándose consigo el humo y la humedad.

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