Firma de Oscar M. Prieto (http://oscarmprieto.com/)
Fotografía de Rafa R. Palacio

Al rematar el 2º piso, los obreros se disponen a saludar al público. Se quitan los cascos y se inclinan en reverencia copiada de otros escenarios. Ovación cerrada. Se retiran.

Sin solución de continuidad, en el 3º piso aparece una nueva cuadrilla, con monos limpios y con cascos nuevos, de color rojo cadmio. Un gesto del capataz y comienzan a moverse en engranaje perfecto y engrasado, maquinaria de reloj o danza. Poco a poco voy representándome la imagen de la respuesta que busco. Abandono el palco, no sin antes recoger un folleto.
Dejo la obra con la felicidad de quien lleva caramelos en uno de los bolsillos de su chaqueta y mete la mano para jugar con ellos, sin necesidad de verlos con los propios ojos, que sonríen por saberlos allí, en el bolsillo, entre sus dedos.
Sin perturbar la superficie del lago de nadie, yo mismo he sido capaz de sacar a la luz la respuesta, que ha llegado como una trucha enganchada al anzuelo: las obras repartidas estratégicamente por toda Patacosmia cumplen una función vital. Los espectadores que se sientan en las gradas llegan con una biografía de éxitos y de fracasos, pero allí pueden comprobar cómo avanza la obra, ladrillo a ladrillo, fila a fila, viga a viga, y son testigos de que donde antes no había nada, ahora se eleva un soberbio edificio coronado por un helipuerto.

He sido muy afortunado. Leo en el programa que la compañía la conforman los más virtuosos albañiles, que han triunfado en la gira con la obra aquí representada: Dimidium facti qui coepit habet.

Lee Patacosmia en la edición impresa de ExPERPENTO verano 2014: